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Manuel Gil Antón

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El tiempo en la escuela

Gil-Antón, Manuel. (diciembre 31, 2011). El tiempo en la escuela. El Universal. Recuperado de: elprofegil.wordpress. https://elprofegil.wordpress.com/articulosperiodicos/ 2011-12-31

¿El tiempo pasa? ¿Pasa o se queda? Tal vez se introduce, soterrado, en los fierros, las paredes, los tejidos de las cortinas, la hoja de este diario y nuestras caras. Los carcome, las agrieta; deshilvana. Dibujará poco a poco en esta hoja el color de las antiguas bolsas del pan: el de la niñez de estraza. Nos arruga: surca la piel. ¿Tendrá un arado el tiempo?

¿Surge cuando alguien lamenta —no miente— qué escasos parecen o fueron los días que separan al correr alegre del andar a penas? ¿Qué es, si acaso existe, esa cosa que llamamos tiempo? Sepa la bola. Los poetas sólo saben que, en castellano, el tiempo nada más consigo rima: cruje si no es con sí que se aparea. Esa es su virtud.

¿Vive en la escuela? En el viejo pupitre que tenía tintero me enseñaron, ¿o me hicieron repetir…? No sé: que cada vuelta que da la Tierra es 24 pedazos de vida; cada cual con 60 trocitos y, de esas astillas, todas tienen otro tanto de arena. Además de girar, o mientras gira, la Tierra anda; casi puntual, 365 veces 24 regresa al sitio donde inició la cuenta. Es un año. Planeta pirinola, se tarda siempre un poco; llega tarde, cosa de nada: por eso hay algunos, como el que inicia mañana, cuando para ajustar las cosas se le suma un día a febrero. Así salen bien las cuentas. ¿Es eso el tiempo? Rotas y te trasladas: horas, minutos, segundos. Todo bien anotado y con buena letra. Era Palmer en mis tiempos. ¿Qué digo al decir mis tiempos? No sé. ¿Quién en sus 50 y pico no recuerda el manguillo con el que aprendimos a trazar las letras?

Uno crece con el tiempo. ¿Entonces nos acompaña? ¿Es la sombra de andar vivo? ¿Va hilvanado al dobladillo en las faldas de las niñas? No sé. Llega un día, ya mayores, en que nos enseñan —o nos hacen repetir— que la velocidad es lo mismo que la distancia entre el tiempo. Bienvenido al periodo de las fórmulas. Dividimos: entonces conocemos lo que marca el que parecía reloj en el coche. Contra menos tiempo se hace, vamos más rápido. Sí. La bronca es ¿adónde vamos? Además, aunque no aceleres ¡engarróteseme ahí!, el tiempo arranca y pasa, va o escurre de una jarra de barro rota. ¿Escurre? Transcurre.

Hubo Cámbrico y Precámbrico; hay Olmeca Clásico y Postclásico. Antes y después de Cristo, o si le vas a Juárez: antes y después de nuestra era. Antes y después. ¿Qué hay entre antes y después? Nada: cada cosa luego de antes ya es después. Y el pasito atrás de un después es sólo el antes que le parió apenitas. Nada hay en medio. Ni viento.

También conjugamos verbos. Tienen tiempos esos bichos del idioma que acaban en ar, er o en ir. Presente, pasado, futuro. Pretérito es nombre más fino cuando ya llovió; y hay, o había —con el tiempo tantas cosas cambian— subjuntivo y copretérito. Hasta el inusitado pasado perfecto en las clases de inglés. ¿Quién ha visto, en todos los tiempos, un pasado así? ¿Usted? Pues tire el primer reloj que le compraron y los demás. No sirven.

Pluscuamperfecto, presente continuo. En gerundio, por ando y “yendo” se estira el tiempo. Palabras de la escuela que se quedan con el tiempo y luego sirven para un crucigrama. No siempre.

Pasamos a sexto. ¡Ya va en secundaria! Nunca terminó la prepa… ¿Pasar es cosa de tiempo, o el tiempo es pasar durando? Cronos. Calendas, calendarios. Justino (emperador) hizo uno y Gregorio (papa) otro, que hoy creo es el que manda. ¿Ganó Dios? Para poner en orden al impuntual planeta, bisiesto será un año cada cuatro, pero no todos: a los que puedas dividir entre cuatro sus últimas dos cifras, sí, pero no si terminan en cero. Por ahí va la cosa. ¿Qué es lo que va? A lo mejor el tiempo y la muerte. “Todas las horas hieren, sólo la última mata”.

El tiempo es un parámetro de la transformación de la materia. Invento todo nuestro. Entonces, profesor: ¿por qué cala vivir, y duele tanto? ¿Qué es lo que se deshace en la muerte? Hay años luz. Son más sombra. El tiempo en la escuela no pasa cuando es año nuevo. Ni se queda. Está, a sal y espanto, cerrada.




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