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Manuel Gil Antón

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La teoría de la Guajolota

Gil-Antón, Manuel. (octubre 12, 2011). La teoría de la Guajolota. Educación a debate. Recuperado de: elprofegil.wordpress. https://elprofegil.wordpress.com/articulosperiodicos/ 2011-10-12

Lo hemos escuchado todos y muchas veces. No ha faltado su reiteración en este aniversario de la SEP. Se afirma que en los 90 años que lleva la dependencia, lo primero que hubo que hacer fue atender la cobertura de educación básica y ahora toca el turno a la calidad. Esto es mentira. Y hay que difundirlo, pues tragarse esa rueda de molino atraganta, confunde y ofende.

PREMISA UNO: Durante décadas, la educación pública mexicana, en su nivel básico (Primaria y luego Secundaria) fue de muy buena calidad. Era la educación de todos los mexicanos que asistían a la escuela y muy pocos iban a las particulares: los que no querían, nada más, una educación laica; esto es, por razones confesionales y, en cierto modo, por la “distinción” social que confería. “Yo no voy a mandar a mis hijos a una escuela de gobierno”, se decía. Pero millones de personas aprendieron a escribir, leer, realizar cálculos aritméticos básicos muy bien, y adquirieron un sentido de pertenencia nacional hondo. Eran pocos, en términos relativos, y en ese entonces cobertura y calidad eran un solo factor. No se concebían separados ni separables.

PREMISA DOS: Cuando las oportunidades educativas se expandieron de manera significativa, rebasando a los sectores sociales antes atendidos, las autoridades del ramo decidieron construir más escuelas, en lugares apartados, muchas de ellas incompletas (hasta tercer año) o unidocentes (todos los grados, o algunos, pero con solo un profesor), atendidas muchas veces por maestros sin preparación adecuada y con infraestructura muy deficiente: en otras palabras, expandieron el servicio concibiendo que lo que se necesitaba en muchos lados era la simple existencia de la escuela como edificio, pizarrones y pupitres: ahí lanzan la cobertura simple, sin la calidad de antaño. Fue una decisión política, alentada por la “universalización” del servicio a como diera lugar: horizonte estadístico que se conformó con indicadores huecos.

TERCERA: La cobertura sin cuidado de la calidad fue la dotación del servicio educativo destinado a los más pobres, a los aislados, a los excluidos, a los indígenas… Se afirmó que era mejor una escuela, aunque fuera mala, que ninguna. No hay que olvidar esta decisión. E incluso, a varias escuelas que no presentaban la separación entre calidad y apertura se les dañó profundamente con modas. Modismos y sandeces aparentemente pedagógicas.

LA TEORÍA DE LA GUAJOLOTA: De este modo, cuando van unidas cobertura y calidad, de manera análoga a la nutrición, se aporta a los estudiantes una “dieta balanceada”: no se trata de “llenarlos a lo bruto”, sino de contribuir a su desarrollo cognitivo y personal. A los otros, a la mayoría, se les entregó (y entrega), cada día, una Torta de Tamal; los chilangos, a este producto lo llamamos Guajolota, que junto con un vaso de atole o champurrado, al expandirse, genera la sensación de estar saciado – sin hambre – pero sin el contenido de una buena alimentación, es decir, sin un proceso educativo de calidad. El pan y el tamal, unidos al engrudo, llenan el vacío para no sentir hambre, nada más. No se comen frutas y verduras, ni el contenido calórico y de proteínas necesario, sino que, como a los obreros que eso desayunan mientras esperan al microbús, los hincha sin alimentarlos. La cosa es evitar ese vacío que cala.

Cuando hoy se afirma que es tiempo de la calidad – la buena nutrición intelectual y afectiva que significa la escuela que vale la pena – pues ya se atendió a la cantidad (la cobertura) se reconoce que la expansión de los servicios educativos tuvo dos modalidades: la de calidad y cobertura sin divorcio, y la de la cobertura sin calidad, como estrategia demagógica.

Hubo y hay en la distribución de dietas sanas y de Guajolotas un sesgo de clase, etnia y situación geográfica. Decir, como afirma ahora el Maestro Lujambio, que es tiempo de atender a la calidad, se supone que en todas las escuelas hubo la intención de cobertura simple, y ahora en todas hay que prescindir de la Guajolota y pasar a una dieta sana. Falso. La Guajolota tuvo destinatarios específicos.

COROLARIO: desde que entró el Presidente Calderón, afirma el encargado del despacho educativo nacional, enfático y con la mirada severa que le caracteriza, ha habido evaluación. “En el principio era Felipe, y Felipe Evaluó; antes, la oscuridad, la nada”… No es cierto: acusa clara ignorancia o, al menos, confunde evaluación con la aplicación, a mansalva, de ENLACES cada año, a todos, y hasta como condición para evaluar a las escuelas, profesores, estados y al sistema. Y si le dan chance, hasta a la Unión Europea. La dieta ENLACE no va a cambiar Guajolotas por una buena nutrición, ni la simple e inadecuada asignación – a veces – de plazas por concurso, empleando una forma de ENLACE especial para ello, totalmente impropia de un concurso de oposición.

Mientras las peores escuelas sean las destinadas a los más desvalidos en materia educativa – que son los que requieren sin duda que sea buena– la saturación de harinas que repletan la panza y evitan sentir hambre serán Guajolotas memorísticas a las que ENLACE prefiere y santifica.

Se va a confundir obesidad con crecimiento. Y cuidado: si usted tiene un hijo, cuide diferenciar cuando se hincha de cuando se desarrolla. Es crucial hacerlo, y en materia educativa decir que ya llegó el tiempo de la calidad significa reconocer que se amplió el acceso a los pupitres, pero no al conocimiento. No hay, entonces, sorpresas por los resultados en PISA: con Guajolotas nuestros niveles de aprendizaje serán ínfimos. Podrá subirse la nota en ENLACE, pero esta prueba se contenta con ampliar, cada vez más, el tamaño de la cintura, no el desarrollo integral del alumno.

Esta teoría de la Guajolota no lleva al premio Nobel. Lástima, la hipoteca lo agradecería. Aspira a desvelar la profundidad de la trampa que se esconde con la, supuesta y maravillosa, llegada de los tiempos de la calidad: si es así, durante muchos años se engañó a millones, dándoles atole con el dedo, y bolillo con tamal, mientras que, para la minoría, la escuela con calidad reforzaba sus ventajas sociales.

Si llegó hasta aquí, estimado lector, le propongo que exijamos a los coordinadores del sistema educativo, federal y locales, que nutran de saberes relevantes a todas las escuelas por medio de mejores maestros, ambientes escolares estimulantes, infraestructura digna, habilidades digitales para todos – que no equivale a más fierros inútiles en cada vez más aulas con enormes y opacos cargos al erario- y otras cosas que hacen al saber, no al empacho informativo. El asunto que importa no es quitar o aquietar la sensación de hambre, sino nutrir a las siguientes generaciones. De ese tamaño es la lucha contra la Guajolota. Es un asunto de salud intelectual para la República.




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