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Marion Lloyd

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Dilemas y retos de los cursos en línea

Lloyd Marion (abril 04, 2013). Dilemas y retos de los cursos en línea. Suplemento Campus Milenio. Núm. 504. 2013-04-04

A menos de un año de la revolución de los Cursos Masivos Abiertos en Línea en Estados Unidos, el fenómeno ha llegado al público hispanoparlante. En enero, nació el portal MiríadaX, que ofrece cursos masivos gratuitos (conocidos como MOOC por sus siglas en inglés) impartidos por 18 universidades de Iberoamérica. El sitio es una colaboración de dos gigantes españoles: el Banco Santander, a través de su portal Universia, y Telefónica, a través de Telefónica Learning Services. Cuenta con la colaboración de las mil,242 universidades socias de Universia, 415 de ellas en México.

El lanzamiento fue seguido a finales de febrero por el anuncio de Coursera, el proveedor de los MOOC más grande del mundo, al que se habían sumado otras 29 universidades a su consorcio de 33. Entre las nuevas socias de la compañía con sede en el Silicon Valley, California, están 16 instituciones en 12 países. Incluyen a las dos instituciones mexicanas con mayor proyección internacional: la Universidad Autónoma Nacional de México, con tres cursos, y el Tecnológico de Monterrey, con seis.

A su vez, EdX, un proyecto sin fines de lucro creado por la Universidad de Harvard y el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), anunció en febrero que había duplicado el número de socios, de seis a doce. Incluyen a cinco instituciones fuera de Estados Unidos: en Francia, Holanda y Australia, y dos en Canadá. Mientras actualmente todos los cursos están en inglés, el consorcio busca pronto ofrecer MOOCs en otros idiomas. “En el largo plazo, tenemos la misión de aumentar de forma drástica el acceso a la educación a nivel mundial”, su presidente, Anant Agarwal, le dijo al periódico en línea Inside Higher Education.

Aun para los estándares de las revoluciones tecnológicas, el ritmo de expansión de los MOOC es asombroso. El proveedor pionero, Udacity, salió al mercado estadounidense apenas en febrero de 2012. La empresa fue creada por tres profesores de la Universidad de Stanford, liderados por el programador celebridad Sebastian Thrun, cuyo curso masivo en 2011 sobre la inteligencia artificial desató el frenesí de los MOOC. En abril, dos profesores de computación de Stanford, Andrew Ng y Daphne Koller, lanzaron Cousera, que opera a través de un consorcio de universidades en todo el mundo. Y en mayo, nació EdX, que busca facilitar la expansión de los MOOC al proveer a las universidades de la tecnología de forma gratuita.

Aunque se han sumado nuevos proveedores, los tres principales siguen dominando el mercado global – con modelos de negocios distintos. Entre ellos, Coursera ha sido el más exitoso en términos del número de usuarios y universidades participantes; reporta 2.8 millones de usuarios, contra 400,000 de Udacity y 675 mil de EdX. Coursera también es el más internacional de los tres, ya que actualmente ofrece cursos en cinco idiomas (inglés, italiano, francés, chino y español). Con la adición de las nuevas universidades, la compañía espera acceder a los 96 millones de francoparlantes en Europa y África y a los 500 millones de hispanoparlantes en todo el mundo, sin hablar de los 1.35 mil millones de chinos.

Sin embargo, no todo ha sido pan comido para los MOOC. Por primera vez en febrero, Coursera tuvo que retirar un curso del Internet por presentar problemas tecnológicos. Con el pretensioso título “Fundamentos de la Educación en Línea”, el curso, impartido por el Instituto de Tecnología de Georgia, pretendía servir como modelo de la universidad abierta. Sin embargo, terminó siendo un ejemplo de cómo no hacer educación en línea, cuando fallas en la plataforma permitieron a participantes cambiar el material en línea. Udacity, por su parte, tuvo que cancelar un curso sobre matemáticas en el verano, después de recibir cientos de quejas por el bajo nivel del instructor.

Pero tales tropiezos no han frenado la expansión estrepitosa de los MOOC, ni el entusiasmo de algunas universidades de adoptar el modelo. En febrero, la Universidad Estatal de San José, en California, y Udacity anunciaron un convenio que podría marcar un parteaguas en el fenómeno de los MOOC. Esta universidad se convirtió en la primera institución en dar crédito curricular para tres cursos masivos impartidos por Udacity, dos de matemáticas y uno de estadística. En la fase piloto, la mitad de los 300 alumnos vendrán de preparatorias y community colleges, y la otra mitad de la propia universidad, y pagarán $150 dólares, una fracción del costo de los cursos ofrecidos a nivel licenciatura. En adición, la universidad recibirá fondos de la Fundación Nacional de Ciencias (NSF) para llevar a cabo el experimento, que podría replicarse en universidades en todo el país. A su vez, en enero, el Consejo Americano de Educación aprobó cinco cursos masivos de Coursera como aptos para recibir crédito universitario.

De hecho, todo indica que los MOOCs pronto formarán una parte integral del sistema de educación superior en los Estados Unidos. El 13 de marzo, el presidente del Senado del estado de California presentó una propuesta de ley, que obligaría a las universidades públicas del estado a otorgar crédito escolar para alumnos que cursan los MOOC y otros cursos en línea, en caso de no encontrar lugar en cursos presenciales. Después de una década de recortes presupuestales, medio millón de estudiantes en las universidades públicas del estado no encuentran cupo en las materias obligatorias en sus planes de estudio.

La propuesta seguramente enfrentará oposición por parte de algunas de las universidades de prestigio, que buscan mantener el control curricular. Pero el modelo mixto, en que los MOOC y otros cursos en línea atraerán a los estudiantes que quedan fuera del sistema presencial, parece ser ya un hecho, tanto en Estados Unidos como en el extranjero.

La India, por ejemplo, es el segundo país con más usuarios de los MOOC en el mundo, según cifras de Coursera y EdX. Esto se debe en gran parte a la enorme demanda por estudios universitarios, en un momento de rápida expansión económica. En 2000, el país asiático tenía más jóvenes inscritos en universidades como proporción de su población que China. Pero en la última década, esta nación ha duplicado el número de instituciones de educación superior y ha multiplicado su matrícula cinco veces. Como resultado, hoy 26 por ciento de la población en edad universitaria está inscrito, contra 18 por ciento en la India, según una columna publicada en febrero en The Chronicle of Higher Education. El autor, William H. Avery, argumenta que la India debe aprovechar de la oferta de los MOOC para retomar la delantera contra su rival asiático. “No se puede exagerar las implicaciones del contenido gratis en línea para la educación superior de la India – y para el futuro desarrollo económico de la India”, argumenta Avery.

Lo mismo se podría decir de América Latina, y de México en particular, en donde la demanda por la educación superior rebasa por mucho la oferta. México, por ejemplo, tiene apenas 30 por ciento de matrícula bruta en educación superior, comparado con el promedio de 37 por ciento a nivel regional, y 65 por ciento en Argentina, según cifras del Banco Mundial.

Sin embargo, aún hay muy poca oferta de cursos en español, y se concentran en pocas áreas de conocimiento. MiríadaX, por ejemplo, ofrece solo 58 cursos. Incluyen temas como “Derecho civil foral valenciano” y “enfermedades transfronterizas de los animales”, con un público potencial reducido. Otros se dirigen a un público más amplio, como “Excel 2010” o “inglés profesional”.

Pero más allá de la oferta, hay un fuerte debate sobre el papel que deben jugar los cursos masivos en el futuro de la educación superior. ¿Son una opción viable para suplantar o suplementar a la educación presencial? ¿Y sobre todo, son la mejor opción para los estudiantes con menor nivel académico?

Hasta ahora, la respuesta a ambas preguntas es un contundente no. Una serie de estudios por parte de la Universidad de Columbia sobre los cursos en línea arroja resultados poco alentadores. En los últimos años, los investigadores, del Centro de Investigación de Community Colleges (Community College Research Center), han realizado nueve estudios de cientos de miles de cursos en los estados de Washington y Virginia. En total, una tercera parte de los 7 millones de estudiantes de los community colleges —instituciones de educación superior que ofrecen títulos de dos años, y que buscan preparar a los alumnos para ingresar a universidades de mayor prestigio— están inscritos en cursos en línea. Pero según los estudios, estos estudiantes tienen mucha mayor probabilidad de fracasar o de abandonar sus estudios, que los inscritos en cursos tradicionales.

Esto se debe, en gran medida, a la falta de apoyo que ofrecen los típicos cursos en línea a los estudiantes más necesitados. Lo mismo sucede con los MOOC. Es un error pensar que los MOOC pueden servir como opción para los estudiantes que ya han fracasado en el sistema presencial o que han sido excluidos de ello. Implica prepararlos para un doble fracaso.

Dicho eso, hay razón para ser optimista. Los mismos estudios de la Universidad de Columbia encontraron resultados positivos en caso del modelo híbrido, que combina la educación en línea con un componente presencial. Los estudiantes que asistieron a cursos híbridos tuvieron el mismo o un mejor desempeño que sus contrapartes en clases presenciales.

Ahora el reto para los proveedores de los MOOC es encontrar la forma de combinar el elemento humano con la posibilidad de llegar a las masas. Y es precisamente esta fórmula que están buscando Sebastián Thrun y la Universidad Estatal de San José con su programa piloto de los MOOC. El desempeño del primer grupo de estudiantes, muchos de ellos con pobre preparación académica, arrojará mucha luz sobre la potencial de los cursos masivos de democratizar el acceso a la educación superior. Ahora, con los primeros cursos en español, también veremos cómo el fenómeno impacta a las universidades en Iberoamérica, y en México en particular.




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