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Roberto Rodríguez Gómez

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Una generación en peligro

Rodríguez-Gómez, R. (septiembre 17, 2015). Una generación en peligro. Suplemento Campus Milenio. Núm. 624, pp. 5. 2015-09-17

Crece el número de egresados del sistema de educación superior con dificultades para ingresar al mundo del trabajo. Crece la proporción de jóvenes que, contando con título universitario, incluso posgrado, se ve obligada a emplearse en trabajos que no corresponde a su preparación o área de competencia. Crece, asimismo, la cifra absoluta y relativa de personas con formación universitaria en condición de desempleo temporal o crónico. La magnitud e importancia de la problemática es tal que las principales agencias multilaterales, la banca internacional de fomento y otros organismos supranacionales, han abordado el tema para dimensionar su magnitud, caracterizar sus efectos económicos y sociales, y proponer algunas vías de solución.

En este marco destaca la reciente publicación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) titulada “Tendencias mundiales del empleo juvenil 2013. Una generación en peligro”. El informe, disponible a texto completo en la web y con versión en nuestra lengua, ofrece un diagnóstico general sobre el empleo de los jóvenes en distintas regiones del planeta, y aborda en particular las diferencias que se observan entre las economías desarrolladas y las emergentes.

Se dedica en el volumen una sección al examen de las distintas modalidades de incongruencia entre la formación de la fuerza de trabajo juvenil y las condiciones de la oferta de empleo. Entre otras, el desempleo y la desocupación, la informalidad, el trabajo temporal o de tiempo parcial, así como los diversos desajustes de competencias, por ejemplo sobre-educación y sub-educación, desequilibrio entre capacidades y actividades laborales, desajuste entre área de formación y de trabajo. Se aborda también la temática de la calidad del empleo juvenil desde la perspectiva de las condiciones de trabajo, los salarios, las prestaciones y la satisfacción con el empleo desempeñado. Por último, se trata en el informe de la OIT de los procesos de transición que van del sistema educativo al mercado de trabajo, así como la movilidad de jóvenes en el sector laboral.

El último capítulo revisa algunas experiencias nacionales que han abordado la problemática del empleo juvenil a través de políticas macroeconómicas o bien con programas focalizados. Para concluir, el informe un conjunto de recomendaciones que, desde la perspectiva del organismo y al tomar en cuenta algunas experiencias exitosas, deberían adaptarse a las diversas realidades nacionales para mejorar el horizonte laboral de las nuevas generaciones.

Veamos algunos datos generales del reporte. El primero que resalta es una tendencia, prácticamente crónica, en materia de desempleo juvenil. Según se afirma en éste, “La tasa mundial de desempleo juvenil, que había disminuido del 12,7 por ciento de 2009 al 12,3 por ciento en 2011, aumentó de nuevo al 12,4 por ciento en 2012, y ha seguido haciéndolo hasta el 12,6 por ciento registrado en 2013. Se trata de 1,1 puntos porcentuales por encima del nivel previo a la crisis de 2007 (11,5 por ciento)” (pág. 3). Más aún, de continuar con la tendencia es de esperarse que hacia el 2018 el indicador de desempleo juvenil haya crecido, en la escala global, hasta un nivel de 12.8 por ciento, dato que puede incluso empeorar como efecto del actual ciclo crítico de la economía mundial. El dato es más impactante en términos absolutos, significa que en la actualidad cerca de 75 millones de jóvenes está en condición de desempleo. Además, la probabilidad de desempleo entre los jóvenes prácticamente triplica a la que se presenta en la población económicamente activa adulta.

Aunque por regla general la proporción de desempleo juvenil es más alta en las economías desarrolladas, el informe hace notar que en los países emergentes la ausencia de alternativas de seguridad social para los jóvenes produce una compensación del desempleo absoluto en el fenómeno del trabajo informal. Además, se señala en el informe, es notable un incremento en la proporción de jóvenes que ni están en la escuela ni en una ocupación remunerada. Se señala que la “tasa NEET” (los ninis) en Europa ha crecido en la última década casi tres puntos para alcanzar una proporción cercana al 20 por ciento, y que en América Latina puede haber superado este umbral. Por cierto, el dato para México contenido en el reporte es de 24.4 por ciento al 2010.

Los indicadores de incongruencia entre formación y desempeño laboral muestran, según el reporte, que la tendencia se ha agudizado, en todos sus componentes, durante los últimos años. Al menos una cuarta parte de los jóvenes con formación educativa superior desempeña actividades que poco o nada tiene que ver con el tipo de competencias adquiridas en la escuela. El fenómeno, aunado a las demás modalidades de relación imperfecta o defectuosa entre la formación y el trabajo produce, según lo apunta el reporte, un fenómeno cualitativo relevante: el desánimo de los jóvenes ante las condiciones ocupacionales del entorno. La escolaridad se devalúa pero, sobre todo, la formación se vuelve obsoleta. Para las economías, tanto de los países desarrollados como los emergentes, el desaprovechamiento de las capacidades formadas es, probablemente, uno de los mayores retos para el desarrollo con bienestar.




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