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Roberto Rodríguez Gómez

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¿Adiós al PROMEP?

Rodríguez-Gómez, R. (mayo 04, 2006). ¿Adiós al PROMEP?. Suplemento Campus Milenio. Núm. 175 2006-05-04

Este año se cumplirán diez de la creación del Programa de Mejoramiento del Profesorado (PROMEP), instituido por la SEP a finales de 1996. El PROMEP fue creado con dos objetivos principales. El primero, mejorar el nivel de habilitación del profesorado de tiempo completo en las universidades públicas mediante un programa de becas que permitiese la obtención de grados de maestría y doctorado en instituciones de buen nivel académico en México y el extranjero. El segundo, favorecer el establecimiento y operación de los denominados Cuerpos Académicos, concebidos como colectivos de profesores e investigadores para el desarrollo de proyectos de investigación y docencia.

Transcurrido el lapso de vigencia del programa, los indicadores de resultados lo califican como un programa exitoso. En materia de becas, la estadística confirma la adjudicación de de más de siete mil becas en el periodo de 1997 a 2005, esto es más de mil becas por año. Cabe hacer notar que en los primeros años de este lapso el número de becas otorgadas era considerablemente mayor que el adjudicado en los últimos años. La explicación dada al respecto señala que, una vez satisfecha la considerable demanda inicial, la proporción de profesores de tiempo completo solicitantes de nuevas becas tendió a disminuir.

El PROMEP ha tenido efectos muy importantes para la creación de plazas académicas de tiempo completo en las universidades. Según la SEP, de 2001 a 2005 se adjudicaron 2,965 plazas para la incorporación de nuevos profesores de tiempo completo que obtuvieron sus grados de maestro o doctor mediante el PROMEP.

Pero quizás el efecto más importante, derivado del programa de becas, ha sido el cambio en el perfil de la planta de profesores de tiempo completo en las universidades públicas de los estados. Sin tomar en cuenta a los académicos de la UNAM y la UAM, la proporción de académicos en de tiempo completo en las universidades públicas del país que contaban con postgrado en el año 2000 rondaba el cuarenta por ciento. En la actualidad esa proporción asciende a prácticamente el 75 por ciento, mientras que el porcentaje de profesores de tiempo completo con grado de doctor supera el 20 por ciento. Además de hacer notar que estas cifras se apegan a los propósitos cuantitativos del PROMEP en su fundación, vale la pena advertir que, a partir de ellas, se puede calificar de manera positiva al perfil académico de las universidades públicas mexicanas.

Se ha cuestionado si la ruta de habilitación profesional de los docentes universitarios centrada en la obtención de grados es la mejor opción. Sin duda la crítica tiene algo de razón y quizás convendría pensar en alguna alternativa que mejorase las capacidades didácticas del profesorado universitario, en aspectos tales como las formas de comunicación de conocimientos de las distintas disciplinas y el uso de nuevas tecnologías de enseñanza. Es una tarea pendiente.

El otro aspecto del PROMEP, la formación y el apoyo a los cuerpos académicos también presenta cifras interesantes. En el periodo del programa se registraron más de tres mil cuerpos académicos, si bien la mayoría en la calificación de Cuerpos Académicos en Formación. En cambio, el número de cuerpos académicos consolidados, o en proceso de consolidación no rebasa la cifra de cuatrocientos. Tómese en cuenta que la estadística no incluye a la UNAM aunque sí a la Autónoma Metropolitana, institución que concentra una cuarta parte de los CA consolidados.

Se afirma que un número de estas nuevas células del sistema universitario son solamente membretes para la obtención de recursos vía el Programa Integral de Fortalecimiento Institucional (PIFI). Puede ser, pero también es cierto que el PROMEP ha generado un movimiento en la dirección de desconcentrar las actividades de investigación y desarrollo docente en el territorio nacional.

A estas alturas, si bien la vertiente de habilitación mediante becas de postgrado está relativamente agotada o cumplida, la perspectiva de profundizar en la vertiente de fortalecimiento de capacidades mediante los cuerpos académicos tiene camino por delante. También lo tiene la posibilidad de diseñar y operar nuevos proyectos de reforzamiento docente mediante la profesionalización pedagógica del profesorado de tiempo completo.

Pero el tiempo del PROMEP se ha cumplido y el sexenio se agota. Con todo y las críticas que se han señalado sobre este programa, algunas de ellas justas, sería un error desaprovechar la experiencia y cancelar su potencial. En ese sentido, quizás valga la pena que la ANUIES se pronuncie por una especie de PROMEP II o algo por el estilo.




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