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Roberto Rodríguez Gómez

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Los primeros cambios en la Universidad Nacional

Rodríguez-Gómez, R. (noviembre 29, 2007). Los primeros cambios en la Universidad Nacional. Suplemento Campus Milenio. Núm. 251 2007-11-29

El lunes 26 se anunciaron las primeras confirmaciones y relevos dentro del grupo responsable de la conducción y administración de la Universidad Nacional, como resultado del reciente cambio de rector. Se trata de movimientos al seno del círculo más próximo a la Rectoría, el núcleo de la administración central, el equipo de trabajo del doctor José Narro Robles, o más simple, el staff del rector.

Algunos de los nuevos nombramientos provienen del área de salud, lo que en cierto modo era previsible. Es el caso del médico cirujano Ramiro Jesús Sandoval, hasta hace unos días director de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala, ahora designado secretario de Servicios a la Comunidad (SSC). El puesto es de extrema confianza: la SSC se encarga, entre otras cosas, de la seguridad interna, las actividades deportivas y recreativas, las relaciones con ex alumnos, los programas de orientación y los servicios de transporte y estacionamientos. El cargo es, simultáneamente, uno de los menos brillantes en la estructura burocrática universitaria y una posición estratégica para la gobernabilidad. A diferencia de otras responsabilidades, ésta se caracteriza por su invisibilidad: se trata de que no pase nada en un lugar en el que, todo el tiempo, puede pasar cualquier cosa. Así de grave.

El maestro Miguel Robles Bárcenas, médico veterinario con trayectoria académica en la universidad, fue ubicado al frente de la secretaría particular. Será responsable de controlar la agenda de Rectoría, de coordinar las relaciones del rector con las demás autoridades y funcionarios de la institución y de manejar una parte importante de las relaciones públicas con el gobierno y sectores académicos y sociales. Dado que el doctor Narro Robles asumió el compromiso de una mayor proximidad entre la Rectoría y las comunidades de la universidad, seguramente el trabajo del maestro Robles Bárcenas será de alta exigencia.

Al frente de la Secretaría General se nombró al doctor Sergio Alcocer Martínez de Castro, quien este año iniciaba un segundo periodo como director del Instituto de Ingeniería de la UNAM. El puesto es clave. La Secretaría General, aparte de ser la segunda posición jerárquica en el escalafón de la administración central, coordina una zona muy amplia de la actividad universitaria; principalmente la función docente, la administración escolar, así como el cómputo y las telecomunicaciones universitarias.

No menos importante, de esta secretaría depende la planeación académica en su conjunto. ¿Se acoplará esta vez la UNAM a los procesos y ejercicios de planeación y reforma que actualmente rigen en el resto de las universidades públicas o seguirá su propio sendero?, ¿se encargará esta secretaría del enlace operativo entre la institución y los organismos de representación universitaria de alcance nacional e internacional? El punto es muy importante si se toma en cuenta la actual expectativa de que la Universidad Nacional asuma plenamente una postura de liderazgo, desde la cooperación y el tejido de alianzas, en el ámbito de las universidades públicas del país. Vamos, en primer lugar, la relación con la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES).

Tradicionalmente, la Secretaria General ha sido encomendada a cuadros académicos provenientes de las escuelas y facultades. Por ello, puede tener significado e implicaciones que esta vez el encargo recaiga en alguien proveniente de la estructura de investigación. Dicho sea de paso, el Instituto de Ingeniería es una de las entidades académicas que reporta ingresos extraordinarios significativos, sin duda los mayores dentro del sector de investigación. En dicho instituto se realizan, fundamentalmente, proyectos de investigación aplicada y desarrollo tecnológico que son el prototipo de las prácticas de vinculación que la UNAM ha buscado emprender desde hace tiempo.

Junto con la renovación de la Secretaría General, la ratificación de la doctora Rosaura Ruiz Gutiérrez como titular de la Secretaría de Desarrollo Institucional, permite anticipar algunas modificaciones en las funciones y enfoques de trabajo de ambas dependencias. No sería extraño que esta última asumiera parte de las tareas de coordinación y ejecución que actualmente realiza la Secretaría General, para un renovado balance de jurisdicciones. También es importante el voto de confianza otorgado a Rosaura Ruiz que reconoce su eficiente desempeño al frente del posgrado universitario y en el cargo que continuará desempeñando. Este movimiento renueva horizontes para el futuro político-académico de la doctora Ruiz. Lo merece y habrá que ver que pasa con el tiempo.

A la secretaría administrativa llega el maestro Juan José Pérez Castañeda, profesional con experiencia dentro de la universidad y en el sector salud. De nueva cuenta, un puesto de confianza otorgado a quien sin duda es un hombre de confianza del rector. El último nombramiento corresponde a la Dirección General de Comunicación Social, en la cual se nombró a Enrique Balp Díaz, quien ha hecho carrera tanto en la UNAM como en dependencias gubernamentales, incluida la Secretaría de Salud y el IFE.

En resumen, un staff en que se combina cercanía con el rector, antes que balance de fuerzas y compromisos; denota experiencia y un buen perfil académico. Suerte a todos. Dicho lo anterior, se echa de menos, en esta instancia, la presencia de cuadros de humanidades y ciencias sociales. Todavía faltan nombramientos importantes: el abogado general, las coordinaciones de investigación científica y humanidades, las direcciones del bachillerato, la coordinación de difusión cultural y las coordinaciones académicas de área, entre otros.

En su campaña el doctor Narro Robles tuvo ocasión de dialogar con académicos, estudiantes y trabajadores. A estas alturas debe saber muy bien qué posiciones han de mantenerse y cuales es indispensable renovar para hacer posible su proyecto. También falta eso último: que sepamos por dónde va a marchar, no sólo qué va a defender, la Universidad Nacional Autónoma de México los próximos años.




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