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Roberto Rodríguez Gómez

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Asignaturas o campos formativos: La reforma de Echeverría (1972-1975)

Rodríguez-Gómez, R. (junio 06, 2022). Asignaturas o campos formativos: La reforma de Echeverría (1972-1975). Suplemento Campus Milenio. Núm. 950. 2022-06-02

Puede leer el primer artículo de la serie:
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El primero de diciembre de 1970 Luis Echeverría Álvarez tomó posesión del cargo de presidente de la República, con la pesada carga que representaba suceder a Gustavo Díaz Ordaz. Por ello, su campaña electoral y sus primeros pronunciamientos como presidente estuvieron teñidos de un tono reformista y la propuesta de dos vertientes: la económica, descrita como “desarrollo compartido”, y la política: “apertura democrática”. En ese contexto se habría de inscribir una reforma educativa de amplio alcance.

En su toma de posesión, Echeverría se refirió a ello señalando que “una auténtica reforma educativa exige revisar, profunda y permanentemente los objetivos, los conceptos y las técnicas que guían la docencia (…) La reforma que iniciaremos no será fruto de una imposición. Surgirá de cada aula y estará fundada en la veracidad y el diálogo”. En el sexenio, la política respectiva definió medidas tales como la actualización de los métodos de enseñanza; la inclusión de distintas modalidades encaminadas a la creación de ciclos terminales y salidas laterales; la racionalización y descentralización de los recursos institucionales; la orientación del currículo a partir de áreas básicas del conocimiento y la reorientación valorativa de contenidos.

Para generar proyectos específicos la SEP integró, al inicio del sexenio, la denominada Comisión Coordinadora de la Reforma Educativa. Este órgano, formado por casi cuatrocientos participantes, estableció recomendaciones para todos los niveles, tipos y modalidades del sistema. La Comisión se ocupó, en primer lugar, de recoger opiniones y sugerencias a través de asambleas, seminarios y foros, así como por encuestas aplicadas a docentes y público en general. El SNTE participó en la Comisión a través de la representación formal del sindicato y por medio de la Academia Mexicana de Educación.

El proceso se tradujo, entre otras medidas, en la reforma de planes y programas de primaria (1972), secundaria (1974) y educación normal (1975). En los de primaria se indica: “se consideraron las necesidades de desarrollo físico, intelectual, emocional y de socialización de los educandos, y los aspectos que debe comprender su formación humanística, científica y técnica. Se tomó en cuenta, además, que la escuela primaria no es la única agencia de formación e información, por lo cual sus planes y programas debe abandonar el criterio enciclopedista que los ha caracterizado.”

“Enciclopedista” la primaria no era. Para el plan anterior, el de 1960, “se redujo la carga académica al disminuir el número de materias de carácter intelectual y se limitó el tiempo que se les asignaba a no más de 22 horas por semana. Las actividades (tecnológicas, artísticas y deportivas) ocupaban el tiempo restante hasta sumar 33 horas por semana” (A. Caballero y S. Medrano, El segundo periodo de Torres Bodet 1958-1964, en: F. Solana et al., Historia de la Educación Pública en México, FCE, 1981). Sin embargo, el calificativo venía bien a la intención de la reforma: compactar el programa en áreas de estudio: lenguaje; matemáticas; ciencias naturales; ciencias sociales; educación física; actividades artísticas y actividades tecnológicas. No muy distinta esta estructura de la propuesta por el Consejo Nacional Técnico de la Educación (Conalte) en 1958. Pero con una diferencia fundamental: la reforma de 1972 alcanzó el nivel de implementación que no consiguió la de 1960.

De hecho, solo dos de las siete áreas curriculares asimilaban asignaturas. La de ciencias naturales (biología, física y química) y la de ciencias sociales (historia, civismo y geografía). Se modificaron los libros de texto gratuitos y fueron editados con base en la estructura curricular de la reforma. Por citar un ejemplo, el libro de quinto de primaria de ciencias naturales alcanzó una extensión de 255 páginas y el de ciencias sociales 275.

La programación curricular tenía una implicación mayor: la de modificar el sentido de la enseñanza y el aprendizaje. Para el área de ciencias naturales se enfatizaba que: “la ciencia es un fenómeno social, económico, político y cultural de la comunidad. El propósito de esta concepción de las ciencias naturales es formar ciudadanos que participen críticamente en los problemas de la comunidad.” En el mismo sentido, se indicaba que un propósito central de, área de ciencias sociales “es infundir en los alumnos el espíritu crítico, o sea una capacidad de apreciar los aspectos objetivos y constantes, y las facetas subjetivas y cambiantes de cualquier teoría y método de la ciencia y la conducta del hombre, y reafirmar así su propia identidad.”

En 1974, el Conalte recomendó a la SEP modificar el plan de estudios de secundaria con tres premisas: a) Ofrecer dos estructuras programáticas (por áreas de aprendizaje y por asignaturas); b) Incluir actividades curriculares y extracurriculares que trasciendan los límites físicos de la escuelas; c) Propiciar su reforma oportuna, como consecuencia de un proceso de evaluación permanente. En la práctica, el plan de secundaria replicaba la estructura de la primaria. En los tres grados se enseñaría: español; matemáticas; lengua extranjera; ciencias naturales (física, química y biología); ciencias sociales (historia, geografía y civismo); educación física, artística y tecnológica. Como la decisión de adoptar el programa por áreas o asignaturas tenía carácter voluntario, ocurrió que la mayoría de las secundarias urbanas mantuvieron el plan por asignaturas y el plan por áreas fue adoptado, principalmente, en las telesecundarias.

Para redondear la reforma de la educación básica se modificó, en 1975, el plan de estudios de las escuelas normales. En este, el acento fue colocado en la didáctica. Por ejemplo, la asignatura de matemáticas se denominaba “matemáticas y su didáctica”. Además, en congruencia con la reforma curricular, se establecieron como asignaturas las de ciencias sociales (y su didáctica) y ciencias naturales (y su didáctica). El nuevo programa fue cuestionado por especialistas y por el magisterio: “en 1976 los maestros (del Movimiento Revolucionario del Magisterio) reclamaban la existencia simultánea de tres planes de estudio y denunciaban su escasa participación en los mismos” (F. Hernández y A. Carro, Un análisis a destiempo de dos planes de estudio de educación normal, Universidad de Tlaxcala, 2019). Nada nuevo.




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