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María Herlinda Suárez Zozaya

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La responsabilidad de los rectores

Suárez Zozaya, M.H. (abril 07, 2011). La responsabilidad de los rectores. Suplemento Campus Milenio. Núm. 410. pp. 2011-04-07

Es más que evidente que el estado de Morelos y el país, en general, están siendo gobernados por personas y grupos que no tienen la capacidad ni la voluntad para generar condiciones de vida digna y productiva para los ciudadanos. Por ello, se ha hecho urgente denunciar que prácticamente en toda la República Mexicana la violencia se ha convertido en un estilo de gobernar. Quiero apuntar que de ninguna manera los ciudadanos estamos de acuerdo con esto y que ha llegado el momento ya no sólo de gritar ¡basta!, sino de diseñar y poner en marcha acciones y estrategias ciudadanas que lleven a remontar la crisis causada, principalmente, por los excesos e inmoralidades de los políticos y su impunidad.

Innumerables veces, y de diferentes maneras, los científicos sociales y los universitarios del país hemos dado a conocer, públicamente, resultados de nuestras investigaciones advirtiendo, de manera clara y contundente, que la violencia requiere de una solución integral, no punitiva ni policíaca. Quienes nos dedicamos al estudio de la juventud hemos mostrado y denunciado que las elevadas cantidades de muertes, desapariciones, vejaciones, inseguridades y falta de oportunidades que está sufriendo la juventud mexicana son efecto, sobretodo, de gobiernos ineficaces y corruptos empeñados en ejercer el control social dentro de una lógica de seguridad pública basada en la confrontación bélica y en el tratamiento punitivo y penal de lo que significa ser joven.

Sin embargo, está claro que, hasta ahora, no hemos sido escuchados y por ello lo que sigue es utilizar todos los medios de comunicación accesibles y manifestarnos en las plazas públicas para tratar de que los gobernantes salgan del autismo. Considerando lo anterior, a los estudiosos de la juventud y a muchos científicos sociales nos alegra que el rector de la UNAM, doctor José Narro Robles, “no le haga el feo a los micrófonos”, que continuamente llame a un acuerdo nacional, que convoque a crear empleos y a dar oportunidades a los jóvenes. Estamos convencidos de que la situación que hoy vive nuestro país así lo exige y que al hacerlo el Rector está cumpliendo, por un lado, con el compromiso, que por cierto tenemos todos quienes nos dedicamos a la educación, de trabajar por y para los jóvenes. Por otro, está atendiendo su responsabilidad de situar en la sociedad la información y el conocimiento que se generan en nuestra Casa de Estudios. De hecho el que el rector señale con claridad los problemas del país, con liderazgo, es una acción que apoyamos muchos académicos y estudiantes de la institución. Y, no digo esto sin conocimiento de causa; lo he estudiado.

En los tiempos que corren no solamente ha sido el doctor Narro quien, como rector, se ha pronunciado contra lo que está ocurriendo en el país. También, en su momento, el doctor Rafael Rangel Sostman, Rector del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, lo hizo exigiendo abiertamente a las autoridades del país que cumplan su responsabilidad de dar seguridad a los jóvenes. Y es que, estando las cosas tan graves como lo están en México, urge que los rectores de las universidades públicas y privadas sean voceros de sus comunidades académicas y que procuren que no se sigan lacerando los derechos y las expectativas de un buen futuro para la juventud mexicana.

Sobre la base del reconocimiento de esta urgencia, los ciudadanos del estado de Morelos extrañamos que los rectores de universidades que se asientan en la entidad no se hayan sumado a las expresiones de repudio a los constantes actos de violencia que se están cometiendo contra los jóvenes en este estado. Callar ante la pobreza, las injusticias y los actos sangrientos que están ocurriendo cotidianamente es tanto como convertirse en cómplice; hablar en pasillos o decir lo siento y ofrecer pésames no es suficiente. Los mexicanos necesitamos tomar postura, hacer compromisos, idear y transmitir propuestas y estrategias para actuar, cuanto antes, de manera civilizada y organizada, porque los ciudadanos no somos militares ni policías. Ojalá y que los directivos y funcionarios de las instituciones educativas a las que asisten los estudiantes morelenses asuman liderazgo y tomen pronto el micrófono.

Por lo pronto, los compañeros(as) que integramos el Seminario de Investigación e Intervención Educativa, del CRIM-UNAM y de la UPN, campus Morelos, queremos expresar nuestra más profunda indignación por la violencia desbordada a la que hoy estamos expuestos los mexicanos y, particularmente, los que vivimos en Morelos.




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