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María Herlinda Suárez Zozaya

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Coronavirus y educación superior. UNAM: restricción de compromisos y derechos humanos

Suárez Zozaya, M.H. (abril 23, 2020). Coronavirus y educación superior. UNAM: restricción de compromisos y derechos humanos. Suplemento Campus Milenio. Núm. 846. pp. 2020-04-23

Desde mediados de marzo del presente año, como medida precautoria ante la epidemia de Coronavirus (covid-19), la UNAM, como muchas otras instituciones de educación superior, cerró sus puertas a la docencia presencial y abrió la posibilidad de utilizar plataformas digitales para impartir a sus estudiantes clases de manera remota. La experiencia obtenida en el tiempo transcurrido ha develado que en la modalidad virtual muchos problemas se magnifican. Esto no debe pasar desapercibido, porque los problemas están relacionados con el compromiso ético y social de la institución. No es prudente esperar a que pase el confinamiento para atenderlos porque se podría mermar la confianza que la sociedad tiene en la casa de estudios.

Los problemas que han aparecido son varios. En lo que sigue voy a referirme solamente a tres que me parecen de suma importancia: 1) el menoscabo de la calidad de la educación que se imparte; 2) la exacerbación de la desigualdad de oportunidades para el acceso a la educación superior, y 3) la erosión del compromiso institucional con la equidad de género.

• El problema de la calidad educativa. Es innegable que el uso de tecnología informática hace plausible un escenario de comunicación continua, pero hay que aceptar que la calidad de varios de los cursos a distancia que se están ofreciendo es deficiente debido a que quienes los están impartiendo no poseen los conocimientos ni las habilidades comunicativas y pedagógicas necesarias para realizar docencia en esta modalidad. Además, los ambientes familiares y domésticos no son adecuados, y mucho menos convenientes, para que la educación universitaria se desarrolle de manera satisfactoria.

• Desigualdad de oportunidades de acceso a la educación superior. La distribución de las oportunidades de acceso a la educación superior está fuertemente condicionada por el origen social de los estudiantes. En la UNAM, la matrícula es socialmente heterogénea, con un peso significativo de jóvenes de familias de escasos ingresos y de segmentos tradicionalmente excluidos. La oferta exclusiva de enseñanza a distancia está generando niveles sin precedentes de desigualdad de acceso a la educación universitaria y, con ello, se está quebrantando el compromiso institucional con la igualdad de oportunidades. Sin duda es loable que a través del uso de tecnologías y plataformas digitales algunos maestros y estudiantes sigan en contacto a pesar de la pandemia, pero la denominada brecha digital está presente tanto en el conjunto de profesores como en el de estudiantes. Para muchos y muchas la conexión remota resulta excluyente debido a que la brecha no solo está vinculada con el nivel de ingresos del hogar sino también con la edad y las disciplinas de estudio. Además, el lugar de residencia juega un papel importante porque la infraestructura tecnológica que requiere la educación a distancia exige un nivel de conectividad que no existe en los hogares de algunos universitarios. Por estudios realizados (Encuesta de Estudiantes de la UNAM, 2011) se sabe que el acceso a las TIC desde las instituciones educativas compensa significativamente las desigualdades a nivel de los hogares. Pero, ahora que el mandato es quedarse en casa y que las instalaciones universitarias se encuentran cerradas las desigualdades de acceso a las clases se exacerban y pueden ocasionar, tanto entre estudiantes como entre maestros, sentimientos de fracaso personal y frustración. Es probable que como resultado crezcan los índices de deserción estudiantil.

• Finalmente, está la cuestión del compromiso que tiene la UNAM con la seguridad, la justicia y la equidad de género. En el momento en el que en el país las pruebas de contagio comenzaron a arrojar casos positivos, varios planteles estaban tomados por estudiantes que hacían reclamos. Las demandas más visibles y urgentes de resolver han sido levantadas por mujeres que manifiestan su descontento respecto al trato indigno del que son víctimas en la propia institución. La pandemia no ha congelado la lucha estudiantil; ellas siguen movilizadas porque las autoridades de la casa de estudios no dan muestra de la vigencia de su compromiso con emprender, a la brevedad posible, los cambios estructurales necesarios para construir equidad de género en la UNAM. Los temas relacionados con el coronavirus han saturado el imaginario colectivo y desplazado de la agenda institucional y de los medios de comunicación el problema de la violencia de género. Esto es grave, no sólo por la violación del pacto, sino porque para muchas jóvenes atravesar la cuarentena entre las paredes de su hogar aumenta el riesgo de que sean víctimas de violencia. De hecho, la violencia relacionada con el ámbito doméstico afecta profundamente a las mujeres y es una de las peores manifestaciones de la discriminación por razón de género.

La pandemia nos ha obligado al confinamiento y ha convertido los muros de nuestra casa en el límite del mundo en el que vivimos cotidianamente. La docencia se ha hecho plausible gracias a las tecnologías de la comunicación, pero en la UNAM no podemos asumir esto como normal ni adaptarnos a lo que está pasando. En medio de la crisis mundial, sus académicos tenemos la obligación de reaccionar e idear acciones y mecanismos que eviten que, de manera presencial o a distancia, la docencia violente los compromisos esenciales de la educación pública, los cuales incluso son asunto de derechos humanos.




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